viernes, julio 07, 2006

Un viernes escuchando a Europa

Cuánto movimiento se escucha en la ciudad. Qué pereza salir un día más a la vida: hay tanta luz que apenas puedo abrir los ojos. Qué pereza moverme!

Ser una mujer de mi tiempo. Eso esperamos todas: estar a la altura del amor, del trabajo, de los hijos, de los amigos, de los padres, de una misma. Aunque en días como hoy todo se viene abajo. Tanto trabajo, tanta fuerza empleada segundo a segundo para ser perfecta y una mañana jodida como la de hoy, todo se viene abajo. Si, todo se viene abajo incluso el barrio que normalmente te ayuda a salir al mundo, también se viene abajo acompañándote en el desastre, cómplice. Es entonces cuando me doy cuenta: tengo que ducharme y no pensar. Hay que dar el paso y seguir, sin pensar. Seguir, seguir...


Interprete: Europa
Album: The final Countdown
Canción: The final Countdown



We're leaving together,
But still it's farewell
And maybe we'll come back,
To earth, who can tell ?
I guess there is no one to blame
We're leaving ground
Will things ever be the same again?

It's the final countdown...

We're heading for Venus and still we stand tall
Cause maybe they've seen us and welcome us all
With so many light years to go and things to be found
I'm sure that we'll all miss her so

jueves, julio 06, 2006

El último sueño

Intenté hablarte, decirte lo que sentía, darte la mano y acompañarte. No sirvió de nada, era inevitable; como la arena entre los dedos, todo se desvanece. Ahora, no siento nada, ya no lloro, solo intento entender qué sucedió, qué me rasgo el alma de esta forma. Por qué ya no siento nada.

Recuerdo las señales de amor al principio, las pinturas en las paredes, las sábanas. Al cerrar los ojos suspiraba y solo sentía tu respiración. Los ecos de la ciudad apenas se escuchaban, tu voz y mi tranquilidad lo llenaban todo. Mi piel en tu piel, tu sonrisa en mis ojos, permanentemente; y aquella canción.

Cuándo ocurrió todo?


Artista: Carlos Varela
Album: Como los peces
Canción: El niño, los sueños y el reloj de arena

El leñador sin bosque Sentado sobre una piedra de la calle Soledad
sentado como si fuera "El Pensador de Rodin".
Esta es la historia de un
niño que se detuvo a soñar
y sueña con ver un día que no acaba de llgar.

Pero sabe que hay otros que sueñan igual,
porque tal vez un día ese
maldito sueño,
se puede volver real.

Los viejos pasan y ríen viendo
al muchacho soñar,
no es que ya nadie confíe, pero es difícil confiar.
El joven mira hacia el cielo y mientras en la ciudad,
la gente vive con
miedo, con miedo para esperar.

Pero sabe que hay otros que sueñan igual,
porque tal vez un día ese maldito sueño,
se puede volver real.

Yo tengo un reloj de arena para medir mi dolor,
cada segundo es la
pena que va cayendo en mi corazón.
Y aunque no me hago ilusiones, algo
tendrá que cambiar,
aunque yo sueñe canciones y otros prefieran callar.

Pero sabe que hay otros que sueñan igual,
porque tal vez un día ese
maldito sueño,
se puede volver real.

Sentado sobre una piedra de la
calle Soledad
sentado como si fuera "El Pensador de Rodin".
Esta es la
historia de un niño que envejeció de soñar
y sigue esperando un día que no
acaba de llegar,
de llegar


miércoles, julio 05, 2006

Hoy solo yo, conmigo.

Esta tarde voy a ser yo. En el jardín. Con tierra en las manos. Yo escuchando sus sonidos. Yo con ganas de hacer las cosas despacio y a mi ritmo.
Te tengo enfrente y toqueteando tus hojas recuerdo su última carta. Nada bonito, nada que se pueda sentir. Solo frases puestas por otros antes, miles de frases unidas por sonidos huecos. Solo pido un poco de alma en las palabras, trozos de ti. Reconocerle en su carta, en su letra, en sus frases. Frases rosas, llenas de corazones de mermelada pegajosa y dulzona. Palabras con lacitos de miles de bucles blancos y rosas y rojos y de chocolate. Recuerdo su última carta chorreando frases de postales de enamorados cursis. Solo quería leer tus huellas en el papel.

Miro el jardín y me siento bien. Respiro fuerte, sacudo la cabeza para sacarte de ella, para olvidarte.
El sol comienza a bajar y a inundar el jardín de luz mágica. Hoy voy a ser yo toda la tarde.




Artista: Marea
Album: 28000 puñaladas
Canción: Que se joda el viento.



Ponte el moño apretao, sirena, que se joda el viento,
rompe las horquillas de espuma,
y déjame que te remache sonrisas de hierro
de ésas que disipan las brumas,
y sé que entre los males nos lloverán cristales,
yo iré descalzo y tú desnuda,
al son del amor del ronco tambor que toque la luna.

Vamos a trepar a la copa de este sol de enero,
y a hacer un nido en su ramaje,
y allí reírnos viendo como a cada minutero
se lo devora el oleaje,
que cuando entre mis brazos resuenen cañonazos
yo iré perdido entre tus dunas
dejándolo todo, quemando los tronos donde reinen dudas.

Y báñate en mis ojos, que se joda el mar
que quiera mecerte a su antojo,
si no somos nadie a nadie va a encontrar,
y si a las heridas quiere echarles sal
sólo va a encontrarse cerrojos
y las cicatrices de la soledad.

Coge resina para untarnos poco a poco el cuerpo,
por si vuelve la ventolera,
y mientras tanto, entre los huecos que nos deje el tiempo,
deja volar tu cabellera,
que si a nuestra locura vuelven nubes oscuras
nos cogerán frente con frente y codo con codo,
cada vez más solos, rodeados de gente.

Y báñate en mis ojos, que se joda el mar
que quiera mecerte a su antojo,
si no somos nadie a nadie va a encontrar,
y si a las heridas quiere echarles sal
sólo va a encontrarse cerrojos
y las cicatrices de la soledad.

martes, julio 04, 2006

Princesa

Joaquín Sabina: “Después de escrita, tardé mucho en cantarla y grabarla porque pensé que se me había ido la mano en el tono agresivo contra la chica. Fue el público quien la impuso. Hoy es insustituible en mis conciertos.”
Título: Princesa
Año: 1985
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina
Disco:
Juez y Parte (1985)



Entre la cirrosis
y la sobredosis
andas siempre, muñeca.
Con tu sucia camisa
y, en lugar de sonrisa,
una especie de mueca.
¿Cómo no imaginarte,
cómo no recordarte
hace apenas dos años?
Cuando eras la princesa
de la boca de fresa,
cuando tenías aún esa forma
de hacerme daño.
Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa.
Maldito sea el gurú
que levantó entre tú
y yo un silencio oscuro,
del que ya sólo sales
para decirme, “vale,
déjame veinte duros”.
Ya no te tengo miedo
nena, pero no puedo
seguirte en tu viaje.
Cúantas veces hubiera dado la vida entera
porque tú me pidieras
llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde, princesa…
Tú que sembraste en todas
las islas de la moda
las flores de tu gracia,
¿cómo no ibas a verte
envuelta en una muerte
con asalto a farmacia?
¿Con qué ley condenarte
si somos juez y parte
todos de tus andanzas?
Sigue con tus movidas,
pero no pidas
que me pase la vida
pagándote fianzas.
Ahora es demasiado tarde, princesa
Búscate otro perro que te ladre, princesa

Sísifo y mis pecados

Quisiera, como Sísifo, poder seguir día a día con todo e incluso tirar de la vida con la suficiente alegría como para que al mirarme al espejo se me pegaran mis propias muecas. Esa losa que llevo dentro, como un castigo, como un pecado impuesto por no se que males cometidos, me parece ya demasiado pesada.
Mis momentos de lucidez son, a la vez que escasos, cada vez más ansiados y por el contrario la melancolía, antes centro de mi vida, ahora me da miedo.

Se me agota la alegría.


El mito de Sísifo por Albert Camus

Los dioses habían condenado a Sísifo a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.
Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello
contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.
Por ello le castigaron enviándole al infierno. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor. Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa. Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.
Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca. Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones
de esta tierra. no se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.
Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia.
¿ En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?. El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.
Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no venza con el desprecio.
Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de mas. Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní.
Pero las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas. Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe.
Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Entonces resuena una frase desesperada: "A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien". El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno. No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha. " Eh, cómo!. ¿ Por caminos tan estrechos...?". Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son
inseparables. Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. " Juzgo que todo está bien", dice Edipo, y esta palabra es sagrada. Resuena en el universo y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra. Lamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por el, unido bajo la mirada de su memoria y
pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de
todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.

Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.


domingo, julio 02, 2006

Peces de ciudad

Artista: Joaquín Sabina
Album: Dímelo en la calle
Canción: Peces de ciudad

Se peinaba a lo garçon
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la gare
d´Austerlitz.

Primavera de un amor
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de san Martín.

Hay quien dice que fui yo
el
primero en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a
mademoiselle Amsterdam.

En la fatua Nueva York
da más sombra que los
limoneros
la estatua de la libertad,

pero en desolation row
las
sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar

y, en el coro de
Babel,
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en
las minas del rey Salomón.

Y desafiando el oleaje
sin timón ni
timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de
nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado
bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.

Y
cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde
los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de
los acuarios
de los peces de ciudad


que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.

El Dorado era
un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.

En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no
debieras tratar de volver.

Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de
Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.

Y
desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de
equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo
los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un
liguero de mujer.

Y cómo huir
cuando no quedan
islas para
naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios
que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad

que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa
sin mar.

jueves, junio 29, 2006

Corazón de mimbre

Canta marea:

quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles
para tu amanecer
desbocao, mejor que me olvides,
yo me quedo aquí a tender mi pena al sol
en la cuerda de tender desolación,
luego empezaré a coser tequieros en
un papel
y a barrer el querer con los pelos de un pincel..

y en
cuanto acabó de zurcir las heridas de
las noches mal dormidas llegué yo
y le llené de flores el jergón para los dos,
sin espinas, de colores,
que se rieguen
cuando llore y cuando no, las sulfatamos
con nuestro
sudor,
y me confesó, cuando quieras arrancamos que
en las líneas de la
mano lo leyó,
que se acabó el que la quemara el sol,
pero se asustó,
¡como te retumba el pecho!,
tranqui, solo es mi maltrecho corazón,
que
se encabrita cuando oye tu voz,

¿qué coño le pasara que ya no sale a
volar ?
¿tal vez le mojó las plumas el relente de la luna?
le volvió
loca el sonío de las gotas de rocío
cuando empieza a clarear y aún no se ha
dormío

y me enamoró, aunque era un hada alada y
yo seguía siendo
nada no importó,
eramos parte del mismo colchón
hasta que juró,"nos
querremos mas que nadie
pa que no corra ni el aire entre tu y yo",
sentí
que me iba faltando el calor,

le hizo un trato al colchón, con su espuma
se forró
el corazón, que anoche era de piedra y al alba era
de mimbre
que se dobla antes que partirse...

amaneció, la vi irse sonriendo, con
lo puesto,
por la puerta del balcón, el pelo al viento
diciendome adiós,
porque decidió que ya
estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y
revolcón,
de trovadores de contenedor.

Y yo, pues eso, así, como siempre, como dice Marea: "Amaneció... " hace un rato ya y sigo con mal cuerpo, con ganas de vomitar y de escupir a todo lo que se me acerque.
Ingrato día que no acompaña, que no quema, que no destroza todo lo que toca, que no ciega. Maldito día que por llevarme la contraria grita primavera y suena a gardenias: dulce y blanco (mis favoritas). Un día primaveral de junio, casi único ya, tira de mi alma para que mire por la ventana. Me acerco y el jardín sigue llamando al verano. El día no escucha nada; solo grita a cada uno lo que quiere escuchar.

miércoles, junio 28, 2006

Desde la rutina

La idea de sacar mi alma a la red, a lomos de este medio no es por otra cosa que por la afición a leer cuadernos de bitácoras que me ha dado últimamente. Leo de todo incluso sobre el mundial, me gusta estar al tanto de lo que pasa en el mundo y ultimamente también de las cosas del deporte. Mi calendario deportivo es el mismo que el de las grandes cadenas de TV. Me dejo aficionar al deporte que está de moda en cualquier TV y pierdo las horas entretenida defendiendo un nombre cualquiera siempre que me caiga bien, claro, y si se arropa con la misma bandera que yo, pues mejor que mejor; que más se puede pedir?. He leído tanto de fútbol y visto que podría escribir sobre la selección con tanta naturalidad como hablo de mi vida jajaja. Lo que hace una cuando no sabe que hacer, eh?

Desde esta ventana veo una mañana primaveral, no hace calor y las palomas y golondrinas no paran en su infinito aleteo. Trabajan más que yo... El jardín está lleno de alados que llenan el patio de sonidos. En el winamp suena "Cerca de las vías" de Fito y los Fitipaldis... Un buen momento para seguir haciendo vida y sueños.

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